viernes, 11 de septiembre de 2015

LA CIUDAD Y LOS AIRES DE DERRUMBE

Hoy, como lo fue en el ayer, el caminar por las calles de La Habana puede ser una experiencia única y ciertamente vivificante, claro, siempre y cuando se mantenga usted alejado de los balcones, en particular las del municipio Habana Vieja, donde en un pequeño espacio geográfico de apenas 4,32 kilómetros cuadrados viven más de 97 mil personas y es posible apreciar una peculiar mezcla de estilos arquitectónicos que quedan como testimonios de las diferentes relaciones históricas mantenidas por la urbe con la metrópoli española, con británicos, franceses y estadounidenses.
Un amigo un dia me dijo: ´´Puede que, en realidad, La Habana sea un experimento. Quién sabe. Puede, incluso, que alguien hubiera robado la ciudad de un relato de Borges o de una novela sinuosa de Italo Calvino o tan subrealista como el Macondo de Garcia Marquez, y que sin enterarse nadie, la hubiera colocado en Cuba, en esa bahía de formas caprichosas´´.

El inexorable y devastador paso del tiempo, la desidia y el olvido de un Gobierno que poco ha hecho por conservar lo heredado, impactaron sobre su arquitectura, sobre su gente. Centenarias edificaciones amenazaban con derrumbarse; la insalubridad y el hacinamiento poblacional repercuten sobre la imagen de la zona más antigua de la capital cubana, cuyo centro fue considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, en 1982, siendo ademas todo un icono para el visitante extranjero, convirtiendola en un sitio asediado por fotógrafos profesionales y aficionados, cada uno de ellos quiere atrapar en su lente la imagen de una ciudad que se deteriora y se esfuma ante los ojos impávidos de sus habitantes. Lo que más llama la atención, el evidente deterioro de las casas y los edificios, del animo de una poblacion que cada dia sonrie menos. 

Y aunque era imprescindible introducir algunos cambios, y de que a partir de los años sesenta del siglo pasado se inició un programa de restauración que cobró mucha más fuerza en los últimos 20 años, bajo la conducción de la Oficina del Historiador de la Ciudad, dirigida desde 1981 por el Dr. Eusebio Leal, evidentemente no ha sido suficiente para una ciudad que se nos escapa de las manos, pues señores, La Habana es mas que su casco historico, donde quedan entonces todas sus barriadas perifericas, que por cierto generalmente escapan del lente curioso del turista extranjero.

Muchos de estos inmuebles, parte del llamado Fondo habitacional, son sitios de peligro inminente para sus habitantes, pues a simple vista se puede observar que esos balcones donde se ven tendidas ropas y sábanas pueden ser -de un momento a otro- protagonistas de un ruidoso derrumbe.

Uno de esos edificios que presenta condiciones pésimas para ser habitado es el que se encuentra frente al Tribunal Provincial de Justicia de la Habana, a la vez frente al Capitolio y además comparte la misma manzana que el cine Payret, en la calle Prado.

Alrededor del edificio el Gobierno municipal ha ordenado colocar vallas metálicas, adornadas ironicamente con viejas imágenes de la Habana colonial y republicana, ocultando con algo de sutileza el basurero que hay detrás de estas vallas, donde se mezclan deshechos lanzados indolentemente desde arriba por sus propios habitantes y los que agregan los que por allí pasan, pues el espacio que hay entre estas y la calle se halla cubierto ademas de excrementos y orines; aprovechado muchas veces como improvisado y urgente baño público, debido a la ausencia de estos en un área tan concurrida de la capital, claro estas que ello no justifica tal indisciplina social, o si. ¿Estaremos en presencia de una etapa de no retorno en cuanto ha perdida de conciencia, etica y compromiso social?

 
Me referia un transeunte octogenario, que toda esa zona se le solia llamar Los Aires Libres del Prado, sitio emblemático que contaba con tres largas cuadras de extensión, desde la calle Dragones, junto al Hotel Saratoga, hasta la calle San José, frente al cine Payret, hoy el regimen lo sumio en el olvido.


Los Aires Libres del Prado fueron punto ineludible de concurrencia para dos o tres generaciones de habaneros anteriores al triunfo de la revolución. Las más aclamadas orquestas populares de la isla se presentaban allí cada noche, en cuatro tarimas ubicadas lo largo de la amplia avenida del Prado, con sus correspondientes espacios para el baile. Había decenas de bares que servían bebidas y comestibles ligeros, siempre al aire libre, en un ambiente festivo. Allí cantaron los grandes de nuestra música popular, desde Rita Montaner a Benny Moré. Desde allí conquistaron su fama antiguas orquestas como Anacaona y Ensueño.

Ya me comentaba ese amigo: ´´lo menos que podríamos concluir es que a las autoridades del gobierno en La Habana les ha resultado más tranquilizador llamarle así que por su nombre original, dado el estado de tensión en que les pone el término “aires libres”. ¿Volveremos alguna vez los habaneros a disfrutar de Los Aires Libres del Prado? Todo por su orden. Habría que empezar por respirar al fin aires libres en Cuba´´.


Los cubanos conviven con la ruina y la falta de higiene, dicen que ha todo se acostumbra el cuerpo, creo que es un mal augurio para una poblacion arta ya de tantas consignas, mentiras y basura. Los turistas continuan retratando las mismas ruinas y se van contentos, con testimonios graficos y pintorescos de una Nacion que sufre mas 5 decadas de comunismo.










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