LA CIUDAD Y LOS AIRES DE DERRUMBE
Hoy, como lo fue en el ayer, el caminar por las calles
de La Habana puede ser una experiencia única y ciertamente
vivificante, claro, siempre y cuando se mantenga usted alejado de los
balcones, en particular las del municipio Habana Vieja, donde en un
pequeño espacio geográfico de apenas 4,32 kilómetros cuadrados
viven más de 97 mil personas y es posible apreciar una peculiar
mezcla de estilos arquitectónicos que quedan como testimonios de las
diferentes relaciones históricas mantenidas por la urbe con la
metrópoli española, con británicos, franceses y estadounidenses.
Un amigo un dia me dijo: ´´Puede que, en realidad, La
Habana sea un experimento. Quién sabe. Puede, incluso, que alguien
hubiera robado la ciudad de un relato de Borges o de una novela
sinuosa de Italo Calvino o tan subrealista como el Macondo de Garcia
Marquez, y que sin enterarse nadie, la hubiera colocado en Cuba, en
esa bahía de formas caprichosas´´.
El inexorable y devastador paso del tiempo, la desidia
y el olvido de un Gobierno que poco ha hecho por conservar lo
heredado, impactaron sobre su arquitectura, sobre su gente.
Centenarias edificaciones amenazaban con derrumbarse; la insalubridad
y el hacinamiento poblacional repercuten sobre la imagen de la zona
más antigua de la capital cubana, cuyo centro fue considerado por la
UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, en 1982, siendo ademas todo
un icono para el visitante extranjero, convirtiendola en un sitio
asediado por fotógrafos profesionales y aficionados, cada uno de
ellos quiere atrapar en su lente la imagen de una ciudad que se
deteriora y se esfuma ante los ojos impávidos de sus habitantes. Lo
que más llama la atención, el evidente deterioro de las casas y
los edificios, del animo de una poblacion que cada dia sonrie menos.
Y aunque era imprescindible introducir algunos cambios,
y de que a partir de los años sesenta del siglo pasado se inició un
programa de restauración que cobró mucha más fuerza en los últimos
20 años, bajo la conducción de la Oficina del Historiador de la
Ciudad, dirigida desde 1981 por el Dr. Eusebio Leal, evidentemente no
ha sido suficiente para una ciudad que se nos escapa de las manos,
pues señores, La Habana es mas que su casco historico, donde quedan
entonces todas sus barriadas perifericas, que por cierto generalmente
escapan del lente curioso del turista extranjero.
Muchos de estos inmuebles, parte del llamado Fondo
habitacional, son sitios de peligro inminente para sus habitantes,
pues a simple vista se puede observar que esos balcones donde se ven
tendidas ropas y sábanas pueden ser -de un momento a otro-
protagonistas de un ruidoso derrumbe.
Uno de esos edificios que
presenta condiciones pésimas para ser habitado es el que se
encuentra frente al Tribunal Provincial de Justicia de la Habana, a
la vez frente al Capitolio y además comparte la misma manzana que el
cine Payret, en la calle Prado.
Alrededor del edificio el
Gobierno municipal ha ordenado colocar vallas metálicas, adornadas ironicamente con
viejas imágenes de la Habana colonial y republicana, ocultando con algo de sutileza el
basurero que hay detrás de estas vallas, donde se mezclan deshechos
lanzados indolentemente desde arriba por sus propios habitantes y los
que agregan los que por allí pasan, pues el espacio que hay entre
estas y la calle se halla cubierto ademas de excrementos y orines;
aprovechado muchas veces como improvisado y urgente baño público,
debido a la ausencia de estos en un área tan concurrida de la
capital, claro estas que ello no justifica tal indisciplina social, o
si. ¿Estaremos en presencia de una etapa de no retorno en cuanto ha
perdida de conciencia, etica y compromiso social?
Me referia un transeunte
octogenario, que toda esa zona se le solia llamar Los Aires Libres
del Prado, sitio emblemático que contaba con tres largas cuadras de
extensión, desde la calle Dragones, junto al Hotel Saratoga, hasta
la calle San José, frente al cine Payret, hoy el regimen lo sumio en
el olvido.
Los Aires Libres del Prado
fueron punto ineludible de concurrencia para dos o tres generaciones
de habaneros anteriores al triunfo de la revolución. Las más
aclamadas orquestas populares de la isla se presentaban allí cada
noche, en cuatro tarimas ubicadas lo largo de la amplia avenida del
Prado, con sus correspondientes espacios para el baile. Había
decenas de bares que servían bebidas y comestibles ligeros, siempre
al aire libre, en un ambiente festivo. Allí cantaron los grandes de
nuestra música popular, desde Rita Montaner a Benny Moré. Desde
allí conquistaron su fama antiguas orquestas como Anacaona y
Ensueño.
Ya me comentaba ese amigo:
´´lo menos que podríamos concluir es que a las autoridades del
gobierno en La Habana les ha resultado más tranquilizador llamarle
así que por su nombre original, dado el estado de tensión en que
les pone el término “aires libres”. ¿Volveremos alguna vez los
habaneros a disfrutar de Los Aires Libres del Prado? Todo por su
orden. Habría que empezar por respirar al fin aires libres en
Cuba´´.
Los cubanos conviven con la ruina y la falta de higiene, dicen que ha todo se acostumbra el cuerpo, creo que es un mal augurio para una poblacion arta ya de tantas consignas, mentiras y basura. Los turistas continuan retratando las mismas ruinas y se van contentos, con testimonios graficos y pintorescos de una Nacion que sufre mas 5 decadas de comunismo.








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