Tras
las declaraciones de Fidel Castro en la Feria Internacional del
Libro, celebrada en febrero de 1998 en La Habana, en las que expresó:
"En Cuba no hay libros prohibidos, sino que no hay dinero para
comprarlos", asi surgio la oportunidad de poner en marcha un
proyecto de bibliotecas independientes, por el cual se pudiera
brindar el acceso irrestricto del lector cubano a libros, revistas,
documentos y otras publicaciones vetadas en las instituciones
estatales por ser consideradas propaganda enemiga. Los objetivos
principales eran abrir un espacio neutral de culturización, dedicado
a la lectura, el debate, la investigación y el análisis de diversos
materiales; y ampliar los horizontes culturales e investigativos de
toda persona interesada.
Debido a la censura oficial, la
población se ha visto obligada a lo largo del tiempo a satisfacer su
curiosidad intelectual y profesional de manera ilegal y clandestina,
acudiendo al mercado negro en busca de publicaciones alternativas a
las oficiales. Sólo de esta forma han podido circular por el país
algunos libros, revistas, documentos, catálogos, y artículos que
han representado vías paralelas de información --siempre ilegales y
sancionables-- para la población en general.
Esta situación ha empeorado con la
llegada del turismo masivo a Cuba. El contacto directo con el
extranjero ha incentivado la curiosidad por conocer más del mundo
exterior. En este marco, las opciones informativas del pueblo cubano,
limitadas todavía por la censura oficial ideologizada que elimina
los temas "malditos", no son capaces de satisfacer los
intereses de la ciudadanía.
A casi 20 años de la primera
iniciativa continuamos llevando a la comunidad tanto la literatura
como las noticias que el Regimen censura.


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