Desde Cuba: lo que piensan de la decisión de Obama
Diferentes reacciones en la población a raíz de los
últimos cambios en política migratoria de EEUU hacia Cuba.
Están:
1) Los que se lamentan que son los que tienen planes de
emigrar.
2) Los que piensan que el saliente presidente Obama
sigue con su actitud de "a lo Teresa de Calcuta"
concediéndole al dictador Raúl Castro cuanto pide y sin que de nada
a cambio mientras las violaciones a los derechos humanos van in
crescendo en la isla y Obama no lo ve o no lo quiere ver.
3) Los creen que Obama lo que busca a pocos días de
finalizar su mandato es profundizar la desesperación y la falta de
esperanza y que estas cosas se conjuguen y conduzcan a un estallido
social en las calles.

Tengamos fe, aunque el año 2017 comenzó con un fatal viernes 13. A tan solo una
semana de su salida de la Casa Blanca, Obama decidió concluir su
fase de deshielo con el gobierno de la isla acudiendo a un gesto que
congeló a unos cuantos. La ley de “pies secos y pies mojados”,
que dotaba de privilegios especiales a los cubanos que, huyendo del
país, alcanzaban las costas norteamericanas, ya no existe.
La medida, acogida con gran entusiasmo por la
dirigencia de la isla, se une al cúmulo de concesiones hechas por el
mandatario estadounidense durante el proceso de diálogo con el
dictador Raúl Castro y, como la mayoría de estas, lejos de
beneficiar o promover el empoderamiento del pueblo, viene a agravar
la situación interna y a consolidar el régimen comunista imperante.
Si bien es cierto que la derogación de los beneficios
no frenará el éxodo —los ejemplos los tenemos bien cerca en los
casos de Haití o México—, también lo es que acorralará aún más
a aquellos que, desesperados por escapar de la dura realidad que los
rodea, no cuentan con recursos ni con la ayuda de familiares en el
exterior para emigrar hacia los Estados Unidos de manera legal.
Una vez más, Barack Obama muestra ingenuidad y
desconocimiento sobre los verdaderos procesos y medidas que pudieran
conducir a una democratización en la isla y regala al gobierno
comunista un asidero más en su política de control total de los
ciudadanos.
De la engrosada lista de dádivas del mandatario
saliente hay que recordar algunas de las más importantes,
encabezadas por aquella promesa inicial de cero negociación con las
empresas cubanas dirigidas por militares ni con estos, que luego
desapareciera de manera misteriosa de los discursos, al punto que, en
la actualidad, el total de las negociaciones de empresarios
norteamericanos en la isla se realizan con dependencias comerciales
del Ministerio de las Fuerzas Armadas cubanas, así como los procesos
de exportación e importación entre ambos países son controlados
por entidades estatales dirigidas por efectivos castrenses
disfrazados de civiles.
Se sabe que las crisis migratorias que afectan a Cuba
de manera permanente amenazan con perjudicar los planes de
consolidación y crecimiento económico del régimen debido a la
disminución de la fuerza de trabajo y el aumento de los gastos en
seguridad social y salud para esa parte mayoritaria de la población
conformada por personas de la tercera edad. Realidad que pone en
perspectiva de complicidad a la nueva medida de Obama y habría que
preguntarse si su política ha beneficiado en algo al pueblo cubano.
Sin dudas, no en mucho. Tengamos en cuenta que los
pobres cada vez son más pobres mientras que los militares y
dirigentes han visto crecer sus salarios y beneficios desde el 2014 a
la fecha.
Si la estrategia de Obama hubiese sido acertada e
implicara beneficios para los más humildes y oprimidos, a estas
alturas del partido hubiera disminuido el flujo de balseros hacia la
Florida, en cambio, ha aumentado a niveles comparables con el éxodo
del Mariel.
Hasta el momento se pudieran contar con los dedos de
una mano el número de cuentapropistas que han logrado contratos
directos con empresas norteamericanas y, téngase en cuenta que casi
el total de ese sector privado cubano beneficiado está integrado por
gente que tiene el visto bueno del gobierno comunista o que de una
forma u otra está vinculado a este por las vías más sórdidas.
La reconciliación con el enemigo, lejos de los
augurios de los analistas, no reportó crecimiento para la economía
cubana sino un saldo negativo que vendrá acompañado de más miseria
y desesperanza para los cubanos durante los años venideros. ¿Por
qué entonces cerrar las puertas a los más perjudicados? ¿Será
temor a que, debido a la crisis financiera y su repercusión en el
recrudecimiento de la represión, nuestra migración hacia el norte
termine por convertirse en un asunto de la Oficina de Refugiados de
las Naciones Unidas?
Quizás, dentro de algunos años, Obama responderá a
estas dos preguntas sencillas y a otras más que, como dice una
famosa canción cubana sobre las penas que nos matan, son tantas que
se atropellan.



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