Hungría,
los comunistas y la rebelión de 1956
En
febrero de 1956 en el XX Congreso del PCUS el nuevo líder de la
burocracia soviética, Nikita Kruschev, pronunció su famoso discurso
sobre la desestalinizacion. El discurso reveló la implacable
represión del estalinismo, la torpeza de la URSS meses antes de la
invasión nazi de 1941, las purgas en el ejército y en el propio
Partido Comunista y la liquidación de la vieja guardia bolchevique.
Pero el análisis de Kruschev era muy hipócrita, se lavaba las manos
junto con la burocracia soviética y achacaban a Stalin la
responsabilidad única y exclusiva de los juicios farsa, los
asesinatos, las persecuciones, los campos de concentración, y los
crímenes horribles contra la clase obrera soviética y las minorías
nacionales. Es difícil de creer que un solo hombre fuese el único
responsable de tales atrocidades.
En
realidad Stalin no hizo las cosas solo, ni se representaba a sí
mismo, sino que representaba a la casta burocrática, los
funcionarios privilegiados que dominaban el partido y el gobierno, y
que gestionaban la industria, la sociedad y el Estado en su propio
beneficio e interés. El discurso de la desestalinizacion de Kruschev
era un intento hipócrita de la burocracia para achacar los males de
la Unión Soviética exclusivamente a Stalin, y aparecer como parte
de la solución y no como lo que en realidad eran: parte del
problema. Se pretendía así continuar con los privilegios, era un
intento de reforma por arriba para evitar una revolución desde
abajo. Pero, en realidad, el discurso de 1956 lejos de resolver las
contradicciones de la URSS contribuyo a agudizarlas, en resumidas
cuentas se abrió la caja de Pandora.
Un
Poco de Historia
Tras
la caída de Hitler, Hungría fue ocupada por tropas rusas y, pese a
que hubo un pequeño periodo liberal, en 1947 se instauró un
gobierno comunista, liderado por el Partido de los Trabajadores
Húngaros, estando a la cabeza de este Mátyás Rákosi. Por lo tanto
el país pasaba a ser una parte importante del Bloque del Este. En
1949 Hungría ingresó en el Consejo de Asistencia Económica Mutua
(COMECON) patrocinado por la Unión Soviética, del que formó parte
hasta 1991.
Cuando
murió Iósif Stalin en 1953, se inició - como en la URSS y toda
Europa del Este (menos Yugoslavia, que había elegido su propia vía
al socialismo) - el proceso de desestalinización, en donde se aprobó
un nuevo programa económico y se concedió amnistía a varios
prisioneros políticos. En 1955, se firmó el Pacto de Varsovia que
era un tratado de ayuda mutua, tanto económica como militar.
El
28 de octubre de 1956, una revolución que pedía la retirada del
Pacto de Varsovia fue respondida con una intervención militar por la
Unión Soviética y la deposición y ejecución del primer ministro
Imre Nagy. A finales de los años 1980, Hungría encabezó el
movimiento para disolver el Pacto de Varsovia y se encaminó hacia
una democracia multipartidista y una economía orientada al mercado
bajo el liderazgo de János Kádár, secretario general del Partido
Socialista de los Trabajadores Húngaros hasta 1988, año en que
dimitió. Durante su gobierno se impulsó una política reformista,
permitiéndose el establecimiento de pequeñas empresas o PyMES
particulares, pero el gobierno defendía arduamente los derechos de
los trabajadores.
El
Detonante
El detonante de los hechos fue,
como tantas veces en la historia, una rebelión estudiantil. Los
estudiantes de la Universidad Politécnica de Budapest y la
Organización Unificada de Estudiantes Universitarios de Hungría
elaboran una plataforma común de 16 puntos que exigía entre otras
la retirada de las tropas soviéticas y de solidaridad con el pueblo
polaco. Esta manifestación estudiantil se convierte en pocas horas
en una rebelión general de más de 200.000 personas, que comenzaron
a exigir "libertad" y "independencia".
Debido al giro radical de los
acontecimientos, el régimen opta por llamar como primer ministro a
Imre Nagy, un "reformista" que ya había gobernado el país
de 1953 a 1955. Al mismo tiempo, el régimen llama a las tropas rusas
"para restaurar el orden" produciéndose en los barrios
periféricos de la periferia una resistencia armada de jóvenes
obreros y estudiantes, frente a los tanques soviéticos. Esta
resistencia armada provoca el colapso de las instituciones oficiales.
En unos cuantos días y horas las masas se organizan para la
resistencia y se declara la huelga general, declarada por comités
obreros y revolucionarios que se forman en la mayoría de las
empresas en estrecha conexión con los estudiantes.
Toda esta autoorganización, al
margen del "parlamento" estaliniano, junto con la lucha
armada que se está produciendo contra el ocupante ruso, provoca una
crisis del régimen. El 25 de octubre cayó el líder del "Partido
de los Trabajadores Húngaros" (PTH) (irónico nombre para el
partido único que oprimía a los obreros y el pueblo) y lo sustituyó
Janos Kadar. El 27 de octubre Imre Nagy forma un gobierno de
coalición en el que integra partidos "de la oposición".
El 28 de octubre se decretó el "alto el fuego" y las
tropas rusas salían de Budapest. Pese a ello los consejos obreros se
mantienen vigilantes y mantienen la huelga general.
Destacaremos, también, la
importancia que tienen al inspirar la revolución la insurrección
obrera de Berlín en 1953, o la lucha del pueblo y los obreros
polacos en el mismo 1956.
Nagy, bajo la presión popular,
pone en marcha un audaz programa de gobierno, que supone un triunfo
momentáneo de la revolución democrática: disolución de la policía
política y cese de las medidas represivas, libertad de partidos
políticos, retirada de las tropas soviéticas y abandono del Pacto
de Varsovia, solicitando ante la ONU un estatuto de neutralidad
similar al de Austria.
Estas propuestas son mucho más
de lo que Moscú podía tolerar, que entreveía la posibilidad de la
extensión de tal revolución por toda Europa del Este. El 4 de
noviembre de 1956, 19 divisiones soviéticas, con más de 200.000
soldados y cientos de tanques invaden la capital húngara y sitúan a
Kadar en el gobierno. Sin embargo, la resistencia continúa. La
invasión es el detonante que consigue la coordinación de todos los
consejos obreros de la capital en un Consejo Central del Gran
Budapest. La lucha armada continúa hasta el 12 de Noviembre y el
estado de Huelga General se mantiene durante meses; solo
paulatinamente el gobierno consigue la vuelta a la "normalidad".
Recordemos los muertos, exiliados
y encarcelados, que mencionamos antes. Nagy fue fusilado en 1958, lo
cual confirma que pese a sus limitaciones (no dejaba de proceder del
aparato del partido único), tuvo una actuación honesta durante las
jornadas revolucionarias y se convirtió en portavoz de las
aspiraciones de su pueblo.
La memoria de la revolución
permaneció en el pueblo húngaro y es quizás por ello por lo que el
partido único fuera de los primeros en desmontar a finales de los
80, en plena época de Gorbachov, el régimen totalitario y a
reformarse como "partido socialdemócrata". Esto me lleva a
una reflexión: ¿Como puede la Internacional Socialista aceptar y
homologar como partidos "socialista democráticos" a
partidos provenientes de la autorreforma del estalinismo?¿Como puede
aceptar tan fácilmente a fuerzas políticas de un pasado tan oscuro
en una Internacional que se supone demócrata? Recordemos el reciente
escándalo protagonizado por el presidente del gobierno de este mismo
"Partido Socialista Húngaro" (MSzP) Ferenc Gyurcsany.
Lanzo estas preguntas para la reflexión de los lectores.
En este 60 aniversario de la
heroica Revolución Húngara, mantengámosla en la memoria para ser
conscientes de lo enemigo que fue (y es) el comunismo soviético de
la libertad, la democracia y no volver a repetir el error de
concederle credibilidad alguna cuando en momentos difíciles exhiba
su propaganda demagógica.
Imre
Nagy
Imre
Nagy (7 de junio de 1896 - 16 de junio de 1958). Político húngaro,
nacido de una familia campesina pobre. Militó en el Partido
Social-Demócrata de Hungría para adherirse más adelante a la
ideología marxista. En 1944 tras la derrota de los nazis regresa
para formar parte del nuevo gobierno popular en Hungría, después de
15 años de exilio en la URSS, donde estudió agricultura en el
Instituto de Moscú. También fue miembro activo del Instituto de
Ciencia Agrícola. En su etapa como miembro del gobierno húngaro,
Nagy ocupó diversos cargos, como Ministro de Agricultura
(1944-1945), Ministro del Interior (1945-1946) y Presidente de la
Asamblea Nacional (1947) hasta que en 1949, a causa de las duras
críticas al Partido por su política agraria, es expulsado del
Politburó. En 1951, tras una renuncia pública de sus críticas, es
admitido nuevamente hasta llegar a ser el Primer Ministro a la muerte
de Stalin.
Imre
Nagy, que gozaba de la simpatía de Malenkov, comienza a llevar a
impulsar proceso de relajación política y económica que se llevaba
a extremos peligrosos para el propio sistema. Para 1956 tras la caída
de Malenkov el nuevo gobierno soviético no ve con buenos ojos las
reformas húngaras, las cuales desembocan en una inestabilidad
política total y producen una serie de revueltas por todo el país,
también alimentadas por los acontecimientos de desestalinización en
la misma Unión Soviética. La crisis adquiere asimismo un matiz
político y llega a un punto insostenible para Nagy cuando János
Kádár renuncia en pleno debido a la situación prevaleciente y el
1° de noviembre forma el Partido Socialista Obrero Húngaro, para
cuatro días después nombrar un gobierno "Revolucionario,
Obrero y Campesino" provisional al tiempo que las tropas del
Ejército Rojo entraban en Budapest.
Nagy se refugia ese mismo día en
la embajada de Yugoslavia donde le habían ofrecido protección. Días
después sale de la embajada y es deportado a Rumania el 23 de
noviembre. Tras casi dos años de detención y tras procesarlo en un
juicio secreto, es condenado a la pena máxima y ejecutado el 16 de
junio de 1958 a los 62 años.
Aquella
revolución no debe ser olvidada, mal que le pese a los que su
mención es motivo de vergüenza. Fue un estallido por las
libertades más básicas, pero sobrepasó límites nacionales,
democráticos y antiimperialistas para esbozar (al menos en Budapest)
rasgos de democracia de base y autogestionarios, que tan caros serían
a Hannah Arendt. Al final la infamia armada de los tanques soviéticos
aplastaria la resistencia del pueblo húngaro, quedándonos una
experiencia en absoluto vana para todos los amigos de la libertad.
En
la actual soledad de Europa
no
tenemos más que un medio de permanecer fieles a Hungría:
no
traicionar nunca, ni en nosotros mismos ni en los demás,
aquello
por lo que los combatientes húngaros murieron,
y
no justificar nunca, ni siquiera indirectamente, lo que les mató.
Albert
Camus











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