martes, 25 de octubre de 2016

Hungría, los comunistas y la rebelión de 1956
En febrero de 1956 en el XX Congreso del PCUS el nuevo líder de la burocracia soviética, Nikita Kruschev, pronunció su famoso discurso sobre la desestalinizacion. El discurso reveló la implacable represión del estalinismo, la torpeza de la URSS meses antes de la invasión nazi de 1941, las purgas en el ejército y en el propio Partido Comunista y la liquidación de la vieja guardia bolchevique. Pero el análisis de Kruschev era muy hipócrita, se lavaba las manos junto con la burocracia soviética y achacaban a Stalin la responsabilidad única y exclusiva de los juicios farsa, los asesinatos, las persecuciones, los campos de concentración, y los crímenes horribles contra la clase obrera soviética y las minorías nacionales. Es difícil de creer que un solo hombre fuese el único responsable de tales atrocidades.

En realidad Stalin no hizo las cosas solo, ni se representaba a sí mismo, sino que representaba a la casta burocrática, los funcionarios privilegiados que dominaban el partido y el gobierno, y que gestionaban la industria, la sociedad y el Estado en su propio beneficio e interés. El discurso de la desestalinizacion de Kruschev era un intento hipócrita de la burocracia para achacar los males de la Unión Soviética exclusivamente a Stalin, y aparecer como parte de la solución y no como lo que en realidad eran: parte del problema. Se pretendía así continuar con los privilegios, era un intento de reforma por arriba para evitar una revolución desde abajo. Pero, en realidad, el discurso de 1956 lejos de resolver las contradicciones de la URSS contribuyo a agudizarlas, en resumidas cuentas se abrió la caja de Pandora.
Un Poco de Historia
Tras la caída de Hitler, Hungría fue ocupada por tropas rusas y, pese a que hubo un pequeño periodo liberal, en 1947 se instauró un gobierno comunista, liderado por el Partido de los Trabajadores Húngaros, estando a la cabeza de este Mátyás Rákosi. Por lo tanto el país pasaba a ser una parte importante del Bloque del Este. En 1949 Hungría ingresó en el Consejo de Asistencia Económica Mutua (COMECON) patrocinado por la Unión Soviética, del que formó parte hasta 1991.
Cuando murió Iósif Stalin en 1953, se inició - como en la URSS y toda Europa del Este (menos Yugoslavia, que había elegido su propia vía al socialismo) - el proceso de desestalinización, en donde se aprobó un nuevo programa económico y se concedió amnistía a varios prisioneros políticos. En 1955, se firmó el Pacto de Varsovia que era un tratado de ayuda mutua, tanto económica como militar.
El 28 de octubre de 1956, una revolución que pedía la retirada del Pacto de Varsovia fue respondida con una intervención militar por la Unión Soviética y la deposición y ejecución del primer ministro Imre Nagy. A finales de los años 1980, Hungría encabezó el movimiento para disolver el Pacto de Varsovia y se encaminó hacia una democracia multipartidista y una economía orientada al mercado bajo el liderazgo de János Kádár, secretario general del Partido Socialista de los Trabajadores Húngaros hasta 1988, año en que dimitió. Durante su gobierno se impulsó una política reformista, permitiéndose el establecimiento de pequeñas empresas o PyMES particulares, pero el gobierno defendía arduamente los derechos de los trabajadores.
El Detonante
El detonante de los hechos fue, como tantas veces en la historia, una rebelión estudiantil. Los estudiantes de la Universidad Politécnica de Budapest y la Organización Unificada de Estudiantes Universitarios de Hungría elaboran una plataforma común de 16 puntos que exigía entre otras la retirada de las tropas soviéticas y de solidaridad con el pueblo polaco. Esta manifestación estudiantil se convierte en pocas horas en una rebelión general de más de 200.000 personas, que comenzaron a exigir "libertad" y "independencia".
Debido al giro radical de los acontecimientos, el régimen opta por llamar como primer ministro a Imre Nagy, un "reformista" que ya había gobernado el país de 1953 a 1955. Al mismo tiempo, el régimen llama a las tropas rusas "para restaurar el orden" produciéndose en los barrios periféricos de la periferia una resistencia armada de jóvenes obreros y estudiantes, frente a los tanques soviéticos. Esta resistencia armada provoca el colapso de las instituciones oficiales. En unos cuantos días y horas las masas se organizan para la resistencia y se declara la huelga general, declarada por comités obreros y revolucionarios que se forman en la mayoría de las empresas en estrecha conexión con los estudiantes.
Toda esta autoorganización, al margen del "parlamento" estaliniano, junto con la lucha armada que se está produciendo contra el ocupante ruso, provoca una crisis del régimen. El 25 de octubre cayó el líder del "Partido de los Trabajadores Húngaros" (PTH) (irónico nombre para el partido único que oprimía a los obreros y el pueblo) y lo sustituyó Janos Kadar. El 27 de octubre Imre Nagy forma un gobierno de coalición en el que integra partidos "de la oposición". El 28 de octubre se decretó el "alto el fuego" y las tropas rusas salían de Budapest. Pese a ello los consejos obreros se mantienen vigilantes y mantienen la huelga general.
Destacaremos, también, la importancia que tienen al inspirar la revolución la insurrección obrera de Berlín en 1953, o la lucha del pueblo y los obreros polacos en el mismo 1956.
Nagy, bajo la presión popular, pone en marcha un audaz programa de gobierno, que supone un triunfo momentáneo de la revolución democrática: disolución de la policía política y cese de las medidas represivas, libertad de partidos políticos, retirada de las tropas soviéticas y abandono del Pacto de Varsovia, solicitando ante la ONU un estatuto de neutralidad similar al de Austria.
Estas propuestas son mucho más de lo que Moscú podía tolerar, que entreveía la posibilidad de la extensión de tal revolución por toda Europa del Este. El 4 de noviembre de 1956, 19 divisiones soviéticas, con más de 200.000 soldados y cientos de tanques invaden la capital húngara y sitúan a Kadar en el gobierno. Sin embargo, la resistencia continúa. La invasión es el detonante que consigue la coordinación de todos los consejos obreros de la capital en un Consejo Central del Gran Budapest. La lucha armada continúa hasta el 12 de Noviembre y el estado de Huelga General se mantiene durante meses; solo paulatinamente el gobierno consigue la vuelta a la "normalidad".
Recordemos los muertos, exiliados y encarcelados, que mencionamos antes. Nagy fue fusilado en 1958, lo cual confirma que pese a sus limitaciones (no dejaba de proceder del aparato del partido único), tuvo una actuación honesta durante las jornadas revolucionarias y se convirtió en portavoz de las aspiraciones de su pueblo.
La memoria de la revolución permaneció en el pueblo húngaro y es quizás por ello por lo que el partido único fuera de los primeros en desmontar a finales de los 80, en plena época de Gorbachov, el régimen totalitario y a reformarse como "partido socialdemócrata". Esto me lleva a una reflexión: ¿Como puede la Internacional Socialista aceptar y homologar como partidos "socialista democráticos" a partidos provenientes de la autorreforma del estalinismo?¿Como puede aceptar tan fácilmente a fuerzas políticas de un pasado tan oscuro en una Internacional que se supone demócrata? Recordemos el reciente escándalo protagonizado por el presidente del gobierno de este mismo "Partido Socialista Húngaro" (MSzP) Ferenc Gyurcsany. Lanzo estas preguntas para la reflexión de los lectores.
En este 60 aniversario de la heroica Revolución Húngara, mantengámosla en la memoria para ser conscientes de lo enemigo que fue (y es) el comunismo soviético de la libertad, la democracia y no volver a repetir el error de concederle credibilidad alguna cuando en momentos difíciles exhiba su propaganda demagógica.
Imre Nagy
Imre Nagy (7 de junio de 1896 - 16 de junio de 1958). Político húngaro, nacido de una familia campesina pobre. Militó en el Partido Social-Demócrata de Hungría para adherirse más adelante a la ideología marxista. En 1944 tras la derrota de los nazis regresa para formar parte del nuevo gobierno popular en Hungría, después de 15 años de exilio en la URSS, donde estudió agricultura en el Instituto de Moscú. También fue miembro activo del Instituto de Ciencia Agrícola. En su etapa como miembro del gobierno húngaro, Nagy ocupó diversos cargos, como Ministro de Agricultura (1944-1945), Ministro del Interior (1945-1946) y Presidente de la Asamblea Nacional (1947) hasta que en 1949, a causa de las duras críticas al Partido por su política agraria, es expulsado del Politburó. En 1951, tras una renuncia pública de sus críticas, es admitido nuevamente hasta llegar a ser el Primer Ministro a la muerte de Stalin.
Imre Nagy, que gozaba de la simpatía de Malenkov, comienza a llevar a impulsar proceso de relajación política y económica que se llevaba a extremos peligrosos para el propio sistema. Para 1956 tras la caída de Malenkov el nuevo gobierno soviético no ve con buenos ojos las reformas húngaras, las cuales desembocan en una inestabilidad política total y producen una serie de revueltas por todo el país, también alimentadas por los acontecimientos de desestalinización en la misma Unión Soviética. La crisis adquiere asimismo un matiz político y llega a un punto insostenible para Nagy cuando János Kádár renuncia en pleno debido a la situación prevaleciente y el 1° de noviembre forma el Partido Socialista Obrero Húngaro, para cuatro días después nombrar un gobierno "Revolucionario, Obrero y Campesino" provisional al tiempo que las tropas del Ejército Rojo entraban en Budapest.
Nagy se refugia ese mismo día en la embajada de Yugoslavia donde le habían ofrecido protección. Días después sale de la embajada y es deportado a Rumania el 23 de noviembre. Tras casi dos años de detención y tras procesarlo en un juicio secreto, es condenado a la pena máxima y ejecutado el 16 de junio de 1958 a los 62 años.
Aquella revolución no debe ser olvidada, mal que le pese a los que su mención es motivo de vergüenza. Fue un estallido por las libertades más básicas, pero sobrepasó límites nacionales, democráticos y antiimperialistas para esbozar (al menos en Budapest) rasgos de democracia de base y autogestionarios, que tan caros serían a Hannah Arendt. Al final la infamia armada de los tanques soviéticos aplastaria la resistencia del pueblo húngaro, quedándonos una experiencia en absoluto vana para todos los amigos de la libertad.
En la actual soledad de Europa
no tenemos más que un medio de permanecer fieles a Hungría:
no traicionar nunca, ni en nosotros mismos ni en los demás,
aquello por lo que los combatientes húngaros murieron,
y no justificar nunca, ni siquiera indirectamente, lo que les mató.
Albert Camus









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