El Muro de la Vergüenza fue parte de las fronteras alemanas desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 y separó a la República Federal Alemana de la República Democrática Alemana. Constituyo la línea divisoria de una ciudad y un modo de vida, toda una declaración de intenciones por parte del gobierno comunista que había ocupado el 40 por ciento de la ciudad, donde habitaban un millón cien mil habitantes.
Increíblemente, el bloque oriental dominado por los Soviéticos sostenía como posición oficial, que el muro fue levantado para proteger a su población de elementos fascistas que conspiraban para prevenir "la voluntad popular" de construir un estado socialista en Alemania del Este. En la práctica, el muro sirvió para prevenir la emigración masiva que marcó a Alemania del Este y al bloque comunista durante el período posterior a la II Guerra Mundial, en contraposición a la Europa libre que fue beneficiada adecuadamente por el Plan Marshall.
El muro se extendía a lo largo de 45 kilómetros que dividían la ciudad de Berlín en dos y 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania. Muchas fueron las personas que murieron en el intento de vivir en libertad al superar la dura vigilancia que los guardias fronterizos de la RDA mantenían hacia el sector occidental. El número exacto de víctimas está sujeto a disputas y aun no se conoce con seguridad. Hoy día la Fiscalía de Berlín considera que el saldo total oscila las 270 personas.
Antecedentes
Las raíces y la desesperada lógica del muro se remontan a los estertores de la Segunda Guerra Mundial y el progresivo deterioro de las relaciones entre los Aliados. Desde 1949 las tres zonas occidentales se convirtieron en la República Federal Alemana, comenzando en ambos lados los trabajos de reconstrucción y protección de las fronteras. Con la formación de los dos estados también se llevó a cabo la separación política.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Berlín se encontró oficialmente dividida en cuatro sectores desmilitarizados, a excepción de las fuerzas armadas de Francia, de Gran Bretaña, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de los Estados Unidos de América, en sus zonas respectivas, e independientes de ambos estados alemanes.
Con la intensificación de la Guerra Fría, se reforzaron las fronteras, particularmente por parte del sector controlado por los comunistas, frontera entre la Comunidad Económica Europea y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON), entre la OTAN y los miembros del Pacto de Varsovia, y también entre las dos ideologías políticas y los bloques económico-culturales que se enfrentaban. Todo ello incrementó la emigración en dirección a la RFA, verdaderamente democrática y abierta al mercado. Desde 1952, las fronteras interiores entre la RDA y la RFA se protegieron con vallas y vigilantes: se creó una zona de 5 km en la que sólo se podía entrar con un permiso especial. Cerca de la frontera había otros 500 m de zona prohibida.
Pese a ello, permanecía abierta la frontera entre Berlín Este y Berlín Oeste, difícilmente controlable. Entre 1949 y 1961, unos 3 millones de personas abandonaron la RDA desde Berlín Oriental. Además, para muchos polacos y checos, Berlín Occidental se convirtió en la puerta hacia occidente. El muro debía servir a los gobernantes del Bloque del Este como una forma de detener la evasión de los trabajadores y campesinos socialistas y la emigración masiva de profesionales o «fuga de cerebros», mediante el aislamiento. Otra grave problemática era la penetración de periodistas extranjeros a través de la frontera abierta hacia la enigmática URSS.
Así en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, sin previo aviso se dio inicio a la construcción del muro, el Telón de Acero hecho físico en hormigón. Empezaron a sellar los accesos a Berlín Oeste soldados del Ejército Nacional Popular, miembros de la policía fronteriza Alemana, la Policía Popular. Además las tropas soviéticas se apostaron listas para el posible combate en la frontera aliada. Todos los medios de transporte que aún comunicaban ambos sectores de Berlín fueron inutilizados. Curiosamente las líneas del tren municipal elevado y subterráneo de Berlín Occidental que circulaban bajo Berlín Este siguieron funcionando sin detenerse en las estaciones orientales, que se convirtieron en estaciones fantasmas.
Erich Honecker, como ex-secretario del Comité Central y Walter Ulbricht fueron responsables de la supervisión, planificación y construcción del muro. Hasta septiembre de 1961 desertaron 85 hombres de las propias fuerzas de vigilancia. Es significativa la famosa fotografía del joven policía de fronteras Conrad Schumann saltando sobre las alambradas de la calle Bernauerstraße. El gobierno de la RDA alegó que era un «muro de protección antifascista» cuyo objetivo era evitar las agresiones occidentales, argumentando que la construcción del muro era consecuencia obligada de la política de Alemania Federal y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Reacción de la Alemania del Oeste
El canciller de la RFA, Konrad Adenauer, pidió ese mismo día por la radio, calma y prudencia a la población, el alcalde Willy Brandt protestó enérgicamente, finalmente no pudo hacer nada contra el amurallamiento de Berlín Occidental y la división definitiva de la ciudad. Los estados del oeste fundaron ese mismo año un centro de documentación judicial sobre las violaciones a los derechos humanos perpetradas por los comunistas en la RDA. El 16 de agosto de 1961 Willy Brandt convocó una manifestación que reunió a 300.000 berlineses occidentales junto al Ayuntamiento de Schöneberg.
Reacción de los Aliados
La reacción de los aliados occidentales ante la construcción del muro fue lenta: pasaron 20 horas hasta la aparición de las fuerzas militares en la frontera; 40 horas hasta que se comunicaron con el comandante soviético de Berlín; 72 horas hasta que protestaron diplomáticamente ante Moscú. Cada vez hubo más rumores de que los soviéticos habían asegurado a los aliados occidentales que no amenazarían sus derechos. La experiencia del bloqueo había mostrado a los aliados que Berlín Oeste estaría constantemente amenazada, así que la construcción del muro fue una confirmación material del statu quo, que se cimentó, en el sentido literal de la palabra. La Unión Soviética abandonó aparentemente su petición de que Berlín Oeste estuviese «libre» de tropas aliadas, que había formulado anteriormente en el Ultimátum de Jrushchov de 1958.
Evoluciona su estructura
Ideologías aparte, esta estructura era un alarde de diseño extravagante, cruel e increíblemente eficaz para impedir el paso hacia el exterior. El muro tenía una longitud de más de 120 km. La construcción inicial fue mejorada regularmente. El «Muro de la cuarta generación», que empezó a construirse en 1975, era completamente de hormigón armado, tenía una altura de 3,6 m y estaba formado por 45.000 secciones independientes de 1,5 m de longitud. Su coste fue de 16.155.000 marcos de la Alemania Oriental. Además, la frontera estaba protegida por una valla de tela metálica, cables de alarma, trincheras para evitar el paso de vehículos, una cerca de alambre de púas y treinta bunkers. El Muro estaba provisto de un sistema muy completo de alambre de espino, fosos, barreras antitanque, recorridos para patrullas, 31 puestos de control y unas 186 torres de vigilancia. A principios de la década de 1980 se habían empleado cerca de mil perros policía.
Este sistema fue extendido en las décadas siguientes. Particularmente, las casas cercanas al muro se vaciaron después del amurallamiento. Este proceso continuó hasta el 28 de enero de 1985, día en el que se demolió la Iglesia de la Reconciliación. Las tropas fronterizas de Alemania del Este tenían órdenes de impedir por todos los medios la evasión de cualquiera que intentara cruzar el muro, incluido el uso de armas de fuego, aún a costa de la vida de los fugitivos. Los detalles de las instalaciones, diseñadas por las tropas fronterizas como zonas de acción, estaban bajo secreto militar y eran, por tanto, desconocidas por los ciudadanos de la RDA. Las tropas fronterizas debían guardar silencio. Como nunca sabían si se encontraban con un agente de la Stasi, siempre guardaban silencio. Cualquiera que se interesaba por las instalaciones fronterizas se arriesgaba, al menos, a ser arrestado y enviado a los puestos de policía para un control de identidad. El resultado podía ser una condena en prisión por planificación de evasión. Estaba prohibido visitar la zona inmediatamente anterior a la frontera sin una autorización especial.
Durante la existencia del muro se contabilizaron más 5.000 fugas hacia Berlín Occidental; al menos 192 personas murieron por disparos al intentar cruzarlo y otras 200 resultaron gravemente heridas. Intentos exitosos de fuga incluyeron la fuga de 57 personas, quienes escaparon a través de un túnel de 145 m de longitud cavado por los berlineses occidentales, en los días 3, 4 y 5 de octubre de 1964. El intento fallido más destacado fue el de Peter Fechter que intentó cruzar el muro junto a su compañero Helmut Kulbeik, el cual sí consiguió llegar al otro lado, Fechter fue tiroteado y se le dejó morir desangrado a la vista de los medios occidentales el 17 de agosto de 1962.
La caída del Muro de Berlín
El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción y las evasiones constantes hacia las embajadas de Checoslovaquia y Polonia y por la frontera entre Hungría y Austria. En septiembre, más de 13.000 alemanes orientales emigraron hacia Hungría.
Hacia el final de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno de la Alemania Oriental. El líder de la RDA, Erich Honecker, renunció el 18 de octubre de 1989. Gracias a los anuncios de las radios y televisiones de la RFA y Berlín Oeste bajo el título «¡El Muro está abierto!», muchos miles de berlineses del este se presentaron en los puestos de control y exigieron pasar al otro lado. En esos momentos, ni las tropas de control de fronteras ni los funcionarios del ministerio encargados de regularlas estaban informados. Sin una orden concreta, sino bajo la presión de la gente, el punto de control de Bornholmerstraße se abrió a las 23:00, seguido de otros puntos de paso, tanto en Berlín como en la frontera con la RFA.
Los ciudadanos de la RDA fueron recibidos con entusiasmo por la población de Berlín Oeste. La mayoría de los bares cercanos al muro daban cerveza gratis y los desconocidos se abrazaban entre sí. En la euforia de esa noche, muchos berlineses occidentales escalaron el muro. El 9 de noviembre, los propios ciudadanos berlineses empezaron la destrucción del muro con todos los medios a su disposición.
En toda la historia registrada de la humanidad a nadie se le había ocurrido dividir por la fuerza una ciudad mediante un muro, separando familias y tradiciones de más de ocho siglos de antigüedad de un día para otro. El derrumbe de la frontera entre las dos Alemanias dio paso al colapso del bloque comunista y a la reunificación del país. Veintiseis años después del triunfo del capitalismo, la izquierda resuena peligrosamente de nuevo en Europa y hace ecos desde Latinoamerica.


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