50 años arruinados por Fidel Castro.
Esta es la historia de 400 familias que tuvieron que abandonar
todas sus propiedades en Cuba por la llegada de «los barbudos».Reclaman
100.000 millones de dólares cuando el jueves se celebra el 50º
aniversario de la Revolución. La embajada española y los 25 hoteles
Meliá están en terrenos expropiados por los comunistas.
«Cuando salí de Cuba dejé mi vida, dejé mi amor», dice la
canción.Pero también casas, empresas, fábricas, dinero e infinidad de
bienes que fueron confiscados por la máquina expropiadora de los
comunistas.
Ahora, cuando el próximo jueves se cumplen 50 años de la llegada de
Fidel Castro y sus barbudos al poder, dos millones de personas,
pertenecientes a miles de familias de dentro y fuera de la isla, se
preparan para reclamar propiedades por un valor que podría superar los
200.000 millones de dólares. Los hoteles de Sol Meliá o la embajada
española en La Habana son algunos de los bienes sobre los que se
discutiría en los Tribunales de una nueva Cuba democrática.
El 15 de octubre de 1960 la próspera historia de la familia Gutiérrez
Castaño en Cuba se topó con la Revolución. Ese día entró en vigor el
Decreto Ley 8/90 por el que el Gobierno de Fidel Castro confiscaba todas
las «propiedades mayores» de la isla.
Desde el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 y la llegada
de los barbudos a La Habana cuatro días después, su instinto expropiador
fue irrefrenable. «La gente salía a asaltar los casinos, a destrozar
parquímetros y a invadir propiedades. Todo eran confusión y dudas: unos
volvían en aviones repletos y otros volvían a rellenarlos para irse»,
recuerda el escritor Raúl Rivero, exiliado en España desde 2005.
Los primeros objetivos fueron los partidarios de Batista, después los
estadounidenses con propiedades en Cuba y, en ese momento, le tocó el
turno a los que los comunistas consideraban ricos. Aun así, todavía
quedaba mucha gente a la que confiscar bienes en nombre de la
Revolución. Por eso, Nicolás Gutiérrez, 44 años, que no había nacido
cuando a su familia le fueron arrebatadas propiedades con un valor que
por entonces se calculaba en 45 millones de dólares (a día de hoy
multiplican esta cifra por 10), prefiere hablar de la «ley del robo»
cuando cita el Decreto Ley por el que sus padres perdieron casi todo lo
que tenían.
Su bisabuelo, Nicolás Castaño Capetillo, había llegado a Cienfuegos
desde el País Vasco en 1849. No era un hombre culto ni
preparado.Simplemente alguien con fuerzas y ganas de trabajar. Fue
empleado como dependiente de bodega y vendedor ambulante hasta que se
estableció por su cuenta con una fábrica de velas y una tienda mixta
para terminar convirtiéndose en un próspero comerciante y productor de
azúcar. En 1926 Castaño ya era considerado el hombre más rico de Cuba.
En 1960, cuando su hija y su yerno se ven obligados a huir de Cuba para
salvar la vida, la fortuna familiar es incalculable. Una veintena de
centrales azucareras, fincas, edificios
Nicolás Gutiérrez, el bisnieto de Castaño, nació en Costa Rica, vive
en Miami y es el presidente de la Asociación Nacional de Hacendados de
Cuba. Nunca ha pisado la isla en la que ya se están celebrando los 50
años de la llegada al poder de los hermanos Castro. Recuerda cómo su
padre, de nombre también Nicolás, recibió una llamada de una persona
cercana a Fidel que le invitó a salir del país si quería conservar la
vida. Gutiérrez es abogado y representa, además de sus intereses, los de
400 familias de cubanos que aspiran a recuperar sus propiedades y de
algunas compañías de EEUU cuyos negocios se vieron fulminados a
principios de los 60. Una fortuna de fortunas que podría valorarse en
más de 100.000 millones de dólares.
En un mapa de Cuba colgado en la pared, más de 40 chinchetas de
colores sitúan las propiedades familiares que Gutiérrez pretende
recuperar. «Esto no es sólo una iniciativa de los ricos de Miami.Hay
dos millones de personas afectadas y muchas de ellas están en la Isla.
El objetivo es poner en marcha la economía una vez que llegue la
democracia». El desembarco en Cuba está en marcha.
En el despacho de Gutiérrez, ubicado en la elegante zona de Coconut
Grove, se recopilan toda clase de documentos para reclamar las parcelas
de tierra expropiadas por el Gobierno comunista. Los ancianos enumeran
sus casas y propiedades en declaraciones juradas para que sus
descendientes demanden como herederos.
Pero sólo unos pocos de los exiliados conservaron los títulos de
propiedad cubanos. La mayoría se vale de lo que en términos legales se
llama «fuentes secundarias de evidencia», como tratados históricos,
guías comerciales y hasta mapas húngaros de la isla pre-Castro. Hay
quienes para localizar sus viejas posesiones utilizan Google Earth, el
programa informático que permite ver imágenes de satélite de terrenos en
distintos puntos del planeta.
Según estimaciones de estudios jurídicos, dos millones de personas en
Cuba y en el exilio podrían reclamar en los tribunales de la era post
Castro propiedades valoradas en 200.000 millones de dólares.
La prueba de que la iniciativa de estos cubanos no es una locura es
el precedente de los países del Este, antiguos satélites de la Unión
Soviética, y la Nicaragua postsandinista. «En estos países se devolvió
la propiedad o se indemnizó a los propietarios», dice Castaño.
El tema de la vivienda es uno de los más espinosos. ¿Qué haces si en
tu antigua casa están viviendo una o varias familias con necesidades? En
Letonia se resolvió el problema reconociendo de nuevo como dueños a los
expropiados, dejando a los inquilinos 10 años pagando una renta
simbólica. Cumplido ese plazo, el dueño negocia con los que ocupan la
casa.
Hace unos años, un periodista de la BBC se puso en contacto con
Viriato Carrillo. Le propuso tener una conversación con el actual
ocupante de la casa familiar del Country Club de La Habana. Carrillo, de
63 años, abandonó Cuba junto a sus padres y sus dos hermanos en 1960,
cuando contaba 15 años. «Mi padre no quería que sus hijos formaran parte
de un ejército comunista. Mi familia era poderosa. Poseíamos ocho
ingenios azucareros [como se conoce a las fincas con plantaciones de
caña], una fábrica de comestibles, una fábrica de fósforo y hasta la
destilería de ron Santa Cruz donde actualmente se produce el ron Havana
». Recuerda cómo su padre decidió marcharse después de que un amigo
comunista miembro del gobierno le avisara de que iba a ser detenido para
ser juzgado como «enemigo de la revolución».
PON TU EL PRECIO
Finalmente, Viriato Carrillo aceptó el reto del periodista británico,
siempre que el encuentro tuviera lugar dentro de las reglas de la
educación y el civismo. A las dos semanas recibió una nueva llamada. El
ocupante de la casa propiedad de su familia, un alto cargo del régimen
castrista, se negaba a hablar con él. «Algún día tendré que negociar con
él. Y le diré: ‘Pon un precio, pero piénsalo bien. La cantidad que me
digas es la que te voy a exigir a ti si quieres seguir viviendo allí’».
Según Carrillo, nadie de los que reclaman su patrimonio quiere
resolver las cosas por la fuerza: «Somos gente razonable. Sabemos que
hay que negociar pero ellos deben entenderlo también. ¿Que esa casa se
la dio Fidel? Pues felicidades, pero es como si yo en ese momento les
pido la cartera y salgo corriendo».
Otra de las casas de la familia de Carrillo en el barrio de El Vedado
en La Habana es ahora la embajada alemana. En Varadero, sobre una villa
para las vacaciones de la familia, se levanta un hotel propiedad de una
empresa española. Viriato tiene 63 años y todavía está pleno de energía
pero sabe que si algún día le fallan las fuerzas sus hijos continuarán
peleando.
«Sueño con volver a Cuba. Estoy convencido de que con 10 años de
trabajo de personas en mi situación, La Habana volvería a ser el París
del Caribe como en 1959».
Con quien también tiene ganas de negociar este cubano, que ahora vive
en una casita colonial de la zona residencial de Coral Gables, es con
los franceses de Pinaud Ricard, los propietarios de ron Havana por obra y
gracia del «aperturismo interesado» de los gobiernos de Fidel. Con una
botella de ron Santa Cruz entre las manos, destilada antes de la
revolución, se lamenta: «Eramos el mejor ron del país y ellos se han
aprovechado del esfuerzo de mi familia».
No todos los exiliados ven tan sencilla y positiva la iniciativa de
Gutiérrez y su ejército de familias. A Ramón Saúl Sánchez, presidente de
Movimiento Democrático en Miami, le parece «demagógica» la propuesta de
Gutiérrez. «Esta iniciativa le hace el juego a la campaña del régimen
castrista sobre que los cubanos del destierro queremos regresar a Cuba
para recuperar nuestros bienes.Eso no es verdad para nada. Sólo queremos ver a nuestras familias.Lo que yo tenía en Cuba, que se lo queden».
Hace unos años, cuando vivía Jorge Más Canosa y todas las facciones
del exilio se reunían entorno a su figura, mantuvo una reunión con los
expropiados. Les propuso realizar una subasta nacional en el momento en
que caiga el régimen de Castro, de manera que todos los bienes estatales
pudieran ser vendidos al mejor postor.Los antiguos propietarios tendrían derecho a una primera oferta.
«¿Quién era el señor Más Canosa para proponernos tal cosa?», revela
un sorprendido Gutiérrez. «Además, muchos de mis representados ya no
poseen las fortunas de antes y no tendrían ninguna posibilidad en esa
primera oferta».
ESPAÑOLES EN LA BATALLA
La historia y el nombre de miles de españoles se encuentran en medio
de este embrollo legal. En la esquina de las calles Capdevila y Agramunt
de La Habana se levanta un elegante palacio que hoy es la sede de la
embajada española en Cuba. El Palacio Velasco, construido en 1912 en
estilo Art Noveau, pertenecía hasta su expropiación en 1961 a la familia
de origen catalán Sarrá. Sus últimos dueños, Teresa Velasco y Arturo
González, regresaron a España pero otra parte de la familia ha levantado
en Estados Unidos la marca farmacéutica que les hizo millonarios en Cuba.Si prosperan sus reivindicaciones, la delegación diplomática española en una Cuba democrática tendrá que buscar otra ubicación.
Si recuperar propiedades en mano del estado cubano supondrá una
batalla jurídica dura y larga, reclamar las que están en manos de
empresas extranjeras será aún más complicada. Una de estas empresas,
considerada enemiga por la asociación Nacional de Hacendados de Cuba, es
Sol Meliá, propiedad de la familia mallorquina Escarrer.
Todos y cada uno de los 25 hoteles que Meliá ha construido y explota
en Cuba -el último, hace dos años, en Varadero, con 350 habitaciones- se
levantan sobre suelo confiscado por la dictadura comunista que dentro
de unos días cumple 50 años. Cinco familias perjudicadas por Meliá son
clientes de Gutiérrez. Por ejemplo, los herederos del terrateniente
azucarero Rafael Lucas Sánchez Hill, expropiado por la revolución
cubana, les reclaman la propiedad de 100.000 hectáreas en la zona de
Holguín, en la parte oriental de Cuba, bañada por el Atlántico.
El 15 de octubre de 1960, al ver que su central azucarera estaba
entre la lista publicada en la Gaceta Oficial de Cuba de los 105
expropiados por la revolución, la familia Sánchez Hill huyó de la isla,
la mayoría rumbo a Miami.
Cuarenta años después, 100 descendientes de Rafael Lucas Sánchez
Hill, desperdigados por Estados Unidos, Venezuela y España, crearon en
Florida la corporación Central Santa Lucía (con el mismo nombre del
ingenio azucarero fundado por su ascendiente a mediados del siglo XIX).
Llevan años peleando por las indemnizaciones que, según ellos, deben
pagarles Sol Meliá, LTU y Air Transat, las tres empresas que gestionan
hoteles situados en las 100.000 hectáreas que les pertenecieron, en una
franja de terreno que abarca desde Gibara hasta Playa Guardalavaca, en
la parte oriental de la isla.
En EEUU los Sánchez Hill tuvieron que empezar de cero. Según
Gutiérrez, «cuando llegaron aquí tuvieron que hacer cola con los pobres
de cuna para comer en el centro de refugiados de Miami y trabajaron
hasta labrarse de nuevo una posición». Ahora prefieren no dar la cara y
llevar este asunto de forma discreta.
Para favorecer los intereses de familias como los Sánchez Hill,
Gutiérrez participó activamente en 1996 en la redacción de la ley
Helms-Burton, por la que el Departamento de Estado debería perseguir
empresas como Sol Meliá. La ley penaliza a todas las compañías
extranjeras que trafiquen con bienes expropiados por la Revolución tras
el 1 de enero de 1959. En cualquier caso, el abogado Gutiérrez recuerda
que el Gobierno no se opondría a acuerdos privados entre estas empresas y
los antiguos propietarios.«Si no se devuelven las propiedades, la
democracia nunca regresará a Cuba».
Sus reclamaciones no han podido ser presentadas en ningún
tribunal.Sólo el Departamento de Estado de EEUU ha dado entrada a toda
la documentación recogida. No existe ningún organismo internacional que
se ocupe de este tipo de reclamaciones y sólo un giro en la situación
política de la isla podría causar el inicio de un proceso.
Aunque nunca ha pisado suelo cubano, Nicolás Gutiérrez está preparado
para recorrer las 90 millas que separan Miami de Cuba para intentar
recuperar sus bienes y los de las otras 400 familias en cuanto empiecen a
soplar los vientos de la apertura: «Me iría de cabeza para allá. No
podría mantenerme al margen de esos cambios históricos.No podría quedarme aquí».
APOYOS
EMPIEZA LA FIESTA
Aunque tiene fama de que no le gustan las celebraciones largas, esta
vez Raúl Castro, el presidente de Cuba, hará una excepción.El próximo 1
de enero, cuando se cumplen 50 años de la victoria de la Revolución
encabezada por Fidel Castro, hará un discurso televisado a todo el país
que durará una hora y media. Lo leerá en el mismo lugar donde su hermano
Fidel proclamó su victoria, en el edificio del Gobierno provincial de
Santiago de Cuba. Será el pistoletazo de salida a un sin fin de bailes,
fiestas y eventos culturales que se celebrarán durante el primer día de
2009 a lo largo y ancho de la isla. Los festejos culturales se iniciarán
en La Habana, con atractivas ofertas artísticas y recreativas en la
calle 23, la más famosa del país. El programa incluye bailes populares
con grupos musicales y la reposición de obras teatrales, espectáculos
circenses y humorísticos, expo ventas de libros, charlas con
deportistas, personalidades históricas, narradores orales, escritores y
poetas de mayor relevancia en ese país.
También se abrirán exposiciones de artes plásticas, mientras los
cines ubicados en la céntrica arteria de la capital exhibirán películas
latinoamericanas y una muestra de la filmografía cubana.Entre
las calles 12 y 23, la esquina donde hace más de 45 años Fidel Castro
proclamara el carácter socialista de la Revolución, los amantes del
béisbol y otros deportes podrán conocer en directo a sus viejas y nuevas
glorias.
LAS EMBAJADAS
Estos son otros de los lugares emblemáticos de Cuba que fueron expropiados por la Revolución castrista hace ya medio siglo.
Embajada de España. Típico palacete levantado en 1912. Fue cedido por
la familia Velazco al Gobierno español. Fue expropiado y en 1986 se
inauguró como la actual Embajada de España.
Embajada de Alemania. Comenzó a edificarse en la primera década del
siglo XX por la alta burguesía. Su diseño urbano consiste en grandes
mansiones, la mayor parte de ellas ajustadas al estilo racionalista de
la arquitectura norteamericana de los años 40 y 50. El Gobierno cubano
le ha alquilado la mansión a Alemania.
Cervecería y Jardines de La Tropical. Además de la fábrica de
cerveza, se edificó una gigantesca plaza ajardinada que, durante los
años 30 al 50 fue el sitio preferido de los bailadores de La Habana.
Edificio Bacardí. El del famoso ron, construido en 1930. Estilo Art
Decó y decorado con mármoles de colores. Tenía un bar para degustar ron.
Hoy pertenece a la compañía estatal Habaguanex S.A., que lo tiene
destinado a la renta de oficinas para representaciones comerciales
locales y extranjeras.
Edificio Focsa. Data de 1956 y es considerado como el primer edificio
de hormigón armado de América. Tiene 28 plantas y 375 apartamentos. En
los años 70 y 80 alojó asesores civiles soviéticos.Algunos de sus pisos
se han destinado al alojamiento transitorio de personal médico.


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