El
proyecto infinito
A paso lento
y con mucha paciencia, Aguas de La Habana está cambiando miles de
kilómetros de cañerías. Pero la mala calidad del trabajo causan
disgustos entre la población. La Habana Vieja por ejemplo está
siendo sometida a una sustitución de las redes de acueducto que
concluirá en 2017 y cuenta con un presupuesto de más de 64 millones
de dólares.
La lentitud
de las obras provoca el cierre de muchas vías y transitar por las
abigarradas callejuelas se convierte en una carrera con obstáculos.
A ello se suma que personas negligentes tiran desechos a las zanjas y
el mal olor invade los alrededores.
Pero quienes
lo están pasando peor son los que residen en zonas bajas de la
capital. Además de la escasez de agua, viven al filo de la navaja
cada vez que un temporal asola La Habana.
Han pasado
meses de aquellas lluvias torrenciales y las instituciones del Estado
sólo han otorgado colchones a los damnificados. “Nada es gratis.
Los colchones te los venden en 900 pesos [alrededor de 45 dólares] a
crédito. Los refrigeradores, televisores y otros electrodomésticos
echados a perder no te los reponen. La gente está muy disgustada con
el Gobierno, por la poca ayuda a familias que no tienen ni donde
caerse muertas”, dice Felicia, ama de casa.
Y no hay
solución a la vista. Ya les contaba al inicio que es un conjunto de
factores. La desidia estatal provoca que el 60% del agua se derroche.
Las billeteras vacías de un segmento amplio de cubanos les impiden
reparar el trazado hidráulico de sus casas.
Las lluvias
y ahora la temporada ciclónica, que va del 1ro. de junio al 30 de
noviembre, provocan que innumerables familias sin recursos vivan en
un constante sobresalto. A la mala gestión del régimen se añade la
furia de la naturaleza. En pocas palabras: el pueblo cubano se halla
rodeado y sin defensa.
“Tiene
casi un siglo de antigüedad y estaba pensado para una urbanización
de 600.000 habitantes”, dice Sergio del Castillo, Jefe del
Departamento de Drenaje Pluvial de la Empresa Aguas de La Habana,
“además, en mucho tiempo —más de 25 años— no ha recibido
todo el mantenimiento que requiere”. La Habana acoge hoy a más de
2 millones de personas según el censo de 2012.
Los drenajes
ubicados en las calles —conocidos como registros— son apenas el
inicio del sistema de evacuación pluvial, pues son los encargados de
acopiar el agua y verterla en las líneas centrales que luego
descargan todo el volumen en los ríos o en el mar.
Estos puntos
primarios de evacuación usualmente son construidos en los sitios más
bajos de las calles, pues el drenaje pluvial se basa en la gravedad
para transportar las precipitaciones. De tal trazado también forman
parte los ríos y cauces que atraviesan diferentes partes de la
ciudad, así como el escurrimiento natural del terreno.
El diseño
de los sistemas de drenaje varía en dependencia del sitio en donde
se realicen, son concebidos a partir de las medias históricas de
lluvia registradas en la zona y nunca son construidos para evacuar
lluvias extremas. “Los costos se elevarían extraordinariamente.
Nadie en el mundo construye sistemas de drenaje pluvial pensando en
condiciones límites”, dice Sergio.
Estas
infraestructuras son complejas y costosas, para entender su magnitud,
imaginemos un túnel de tres metros de alto y cuatro de ancho que
corra por debajo de nuestras calles, casas, plazas… atravesando
kilómetros bajo la ciudad para luego desembocar en el mar. Por
supuesto, no todos los conductos poseen las mismas dimensiones y, en
dependencia de la región, algunos no superan las 25 pulgadas de
diámetro.
Es
importante diferenciar el drenaje pluvial y el sistema de
alcantarillado. En Cuba dichos sistemas corren paralelos, pero
independientes, evitando que las aguas albañales se mezclen con las
lluvias.
Debido a
varias causas, entre ellas conexiones ilegales de los hogares,
roturas, mala terminación de obras y falta de mantenimiento, tal
separación no siempre existe y resulta frecuente hallar zonas donde
ambos sistemas se mezclan.
Sergio asume
que la empresa no puede delegar toda la responsabilidad, pues en
ocasiones sus trabajadores son quienes incumplen estas normas
constructivas.
Graduado en
1987, conoce las particularidades de su trabajo como pocos. Sergio ha
limpiado tragantes, dirigido brigadas de mantenimiento, construido
baterías de tragantes y calculado, una y otra vez, los volúmenes de
escurrimiento en las cuencas bajo su tutela.
Una fórmula
para perder
La letal
combinación de salideros, mal trabajo, falta de previsión y sequía
ha situado un asterisco en rojo al agua, no sólo en La Habana, sino
también en el resto del país.
Si en la
noche usted recorre algunos barrios habaneros, observará cómo el
agua se derrocha por sus cañerías rotas. En las calles Espadero y
Figueroa, en el Reparto Sevillano, miles de galones de agua se
pierden por salideros en las redes públicas. En la transitada
Calzada 10 de Octubre, cerca de la esquina con la arteria San
Francisco, en la barriada de Lawton, la calle se convierte en un río.
El 17 de
enero de 2000, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y el
Grupo Aguas de Barcelona crearon Aguas de La Habana, una empresa de
capital mixto. ¿Qué hace Aguas de La Habana? Poco o nada. Los
vecinos están cansados de quejarse al acueducto.
“Una
mañana vienen y hacen un remiendo chapucero que a las pocas horas se
vuelve a averiar. Argumentan que debido al mal estado técnico de las
redes la presión de agua revienta muchas cañerías viejas. Todos
los especialistas son expertos en diseccionar el problema, pero nadie
lo resuelve”, comenta Augusto, quien vive cerca de la intersección
de la Calzada 10 de Octubre y la calle San Francisco.
No muy
lejos, en el edificio donde vive Hiram, en la calle Carmen, también
en Lawton, por no tener un simple flotante, la cisterna se desborda y
se despilfarra una apreciable cantidad de agua.
“En los
edificios multifamiliares, la pintura exterior, el mantenimiento del
motor de bombear agua y las reparaciones de la fachada supuestamente
le corresponden al Estado. Pero las entidades estatales no dan ni una
tuerca. Y los vecinos debemos gestionarlo todo”, señala Hiram.
Actualmente,
Aguas de La Habana es la encargada de realizar todos los trabajos de
limpieza, desobstrucción y reparación de ese sistema. Aunque su
plantilla está concebida para 20 brigadas de ocho hombres dedicadas
a esta tarea, hoy solo cuentan con ocho equipos de trabajo, dos de
ellos integrales —participan en todas las acciones constructivas o
de mantenimiento— y otros seis cuya principal encomienda es la
limpieza de tragantes, otras se destinan a la reparacion o el tendido
de nuevas redes. Como sea, el monto del presupuesto asignado por el
Estado Cubano es insuficiente, practicamente un aburla cruel a la
poblacion.










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