viernes, 20 de noviembre de 2015

¿Somos felices aquí­?
Desde finales de los 90` en Cuba se experimenta un acelerado descenso en los niveles de fecundidad, afectándose así el crecimiento demográfico de forma negativa, desfavorable situación que conduce a la nación hacia el envejecimiento poblacional, que aunado al complejo fenómeno del éxodo de los jóvenes hacia otros países, constituye una seria problemática que deja en ciernes el relevo generacional y productivo, comprometiendo así irreversiblemente el futuro económico y social de la nación.
Disimiles son las causas de esta problemática, muchas de ellas relacionadas con la incompetencia e indolencia de un Gobierno que no es capaz de implementar un programa que fomente y torne en una posibilidad real y viable algo tan natural e inherente a la humanidad misma como la maternidad y sobre todo que coadyuve a su normal desarrollo psíquico, espiritual y material.
Como clave del dilema principal, nos encontramos con la ausencia de un espacio propio donde desarrollar el clima necesario para la creación de una nueva familia. En los hogares cubanos encontramos cierta mixtura generacional que conspira incluso contra la indispensable privacidad de la pareja, la convivencia se torna entonces irresistible al confluir las limitaciones económicas en contraposición con algo tan cotidiano como los gustos televisivos y culinarios, las distintas costumbres y hasta el tiempo dedicado al cuidado de la higiene personal (imagine usted la rutina de un amanecer cualquiera, en un apartamento concebido originalmente solo para cuatro personas que consta por lo general de un solo baño, donde habite una familia conformada por tres matrimonios de distintas generaciones incluido dos niños pequeños en edad escolar, los inconvenientes que conllevaría el mero hecho de aprestarse a salir cada mañana). Historias así se repiten tras las puertas de miles de hogares cubanos. No nos llamemos a engaño con eso de que: Donde caben dos caben cuatro, quizás suene bien al oído, pero no al estomago, ni responde a la noción más elemental de confort.
Recapitulando un tanto las estadísticas de fecundidad de La Isla, veremos que estas han sufrido variaciones con el de cursar del tiempo, observando los registros asistimos también al hecho del descenso de la mortalidad infantil, de unos 200 a principios del año 1900, hasta niveles cercanos a los 60 por cada mil nacidos vivos para finales de la década de 1950.
También la presencia de la inversión extranjera, tuvo un impacto positivo en el ámbito social y domestico al generar un crecimiento de los ingresos, fomentando a su vez la inmigración desde distintos países de millares de personas que arribaban a la Isla con la perspectiva de mejorar sus vidas (hecho que resulta irónicamente controversial 60 años y tantas balsas después).
Con la llegada de la Revolución parecía que estos niveles se mantendría estables dada las altas expectativas que la maquinaria ideológica comunista se dio a la tarea de instrumentar. Luego el tiempo se encargaría de exponer la cruda realidad a que estábamos destinados a padecer en este Alcatraz Caribeño.
Aparecieron flagelos sociales como la división familiar por motivos religiosos o políticos, la acentuada politización de la educación y la niñez, el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, programas que de manera manifiesta restaron autoridad a los padres sobre la educación de sus hijos (las escuelas en el campo) y conllevaron a la atomización de una sociedad que se vio obligada, con la pérdida de sus tradiciones, a cambiar el culto religioso por el culto a la personalidad del líder.
Se produjo entonces un descenso paulatino de la fecundidad hasta alcanzar, ya en 1978, alarmantes niveles por debajo incluso del concepto de remplazo poblacional, llegando a los años 1990 a experimentar su cota mínima histórica de 1.44 hijos por mujer, cuando el deterioro de las condiciones de vida del cubano de a pie fue tal que para algunas parejas el posible nacimiento de un hijo llego a representar un riesgo inmediato para la supervivencia de un núcleo familiar que no lograba satisfacer siquiera sus necesidades básicas.
Si bien aumentó la esperanza de vida tanto para las mujeres como para los hombres, luego, en un futuro no muy lejano, seremos entonces una Isla colmada de ´´abuelitos felices´´.
Como padres nos sentimos en la gustosa obligación de entregarle a nuestros hijos lo mejor, y ¿cómo lograrlo?, cuando se debe escoger entre comprarle al niño un juguete o un par de zapatos para la escuela, sacarlo a pasear sin comprometer luego la compra de insumos semanal, sin mencionar lo complicada que se torna la situación cuando los chicos crecen, llegan a la adolescencia y con ello el estar a la moda, la aceptación del grupo y los pagos a los profesores particulares para así atenuar las deficiencias del sistema educacional y que el muchacho logre llegar a la Universidad. ¿Cómo enfrentar estos retos cotidianos con un mísero salario, siendo honestos y sin que nos tiemble las piernas de solo imaginarlos?
Es hora de analizar de manera objetiva y concienzuda las causas y las consecuencias antes del que alarmante descenso de la fecundidad en Cuba se convierta en un fenómeno irreversible, pero sobre todo en qué solución tentativa y viable pudiese implementarse ante tan crítica problemática social.
Aun cuando la prensa oficialista nacional ha tratado el tema, lo aborda desde luego mediante la óptica que le resulta más conveniente, llegando a pronunciarse de manera despectiva en relación a la actual generación, tildando a las jóvenes parejas en edad reproductora de no ser consecuentes con la situación, acusando además a los gobiernos de distintos países de fomentar la emigración de los jóvenes profesionales (padres en potencia), desentendiéndose claro esta de aquellas realidades que afloran a simple vista y que evidencian los motivos a los que responde este éxodo. Desvirtuando así la cuota de responsabilidad del Estado por mantener durante más de cincuenta años un sistema económico tan solo en función de su perpetuación en el poder.
Téngase en cuenta que según los últimos estudios demográficos para el 2025 uno de cada cuatro cubanos rebasará los 60 años de edad colocando a la Isla a la cabeza de los países de América Latina, aumentando así los jubilados y pensionados para ese entonces, situación que no será solucionada tan solo mediante programas tan poco prácticos y objetivos como la llamada Universidad del adulto mayor o la controversial postergación de edad para retiro laboral, acciones que ni siquiera atacan la problemática de base o causa determinante.
Al parecer el Gobierno prefiere ignorar esta situación como una de las tantas que aquejan a la población cubana y que por lo visto se supone sea resuelta por obra y gracia del santoral mítico propio del proceso revolucionario. Permitir o justificar posturas que pretendan el desentendernos o disgregarnos del tema, nunca precipitará por si solo una solución que revierta este complejo y serio proceso.
La permanencia durante tanto tiempo de las dificultades económicas conlleva a las conductas extremas que han dado lugar a la reconfiguración del actual comportamiento reproductivo, conduciendo la creación de una familia pequeña como una estrategia más eficiente en la esfera económica ante la ausencia de programas legislativos y gubernamentales que fomenten de manera sustentable una maternidad y paternidad responsables, aceptando que estas se hallan condicionadas por el entorno económico, político y sociocultural, que responde en sí mismo a una idiosincrasia y una historia propias.
Razonar esto se hace imprescindible para la consecución de una herramienta que, sin desentenderse de las realidades e intereses particulares, se articule en el bien común de una sociedad que hoy por hoy pierde de a poco sus valores morales y su dignidad humana bajo la egida caprichosa de un puñado de déspotas que se han hecho con los destinos y la voluntad de la nación, casta acostumbrada a tomar decisiones al margen de las necesidades de su pueblo y por ende, de los principios democráticos que sustentan el bienestar de la sociedad toda, que actúen como garantes del cambio necesario hacia una nueva cultura de compromiso para con la vida y la libertad plena, la tolerancia y la convivencia armónica. Actitudes todas basadas en la libertad personal en que se apoya la propia Democracia como institución que garantiza el funcionamiento de la infraestructura social, y que lleva a la nación a un estado de bienestar perceptible, al contar con las acciones de liderazgo sensatas que den como resultado la toma de decisiones consecuentes tanto con el interés poblacional más inmediato, como para la implementación de proyecciones de vastas perspectivas futuras y objetivas que brinden la necesaria estabilidad socio económica y política a la nación y a los individuos, dando lugar entonces al clima de confianza indispensable para la creación de nuevos y sólidos proyectos de familia.
Otro fenomeno que merece un analisis a parte es la apatia politica que reina entre la juventud, esa masa critica productora del cambio en cuialquier sociedad, todo lo cual responde a esa reprogramacion cognitiva que han realizado sistematicamente los ideologos del regimen, al proyecto del hombre nuevo, apenas existe preocupacion por los destinos de nuestra Nacion, no hay un comprometimiento por la verdadera democratizacion de la sociedad, ni por convertirse en entes activos del cambio, mas bien un conformismo para con las dadivas que da el gobierno, ese ensayo de internet y otras aparentes aperturas que se muestran, hoy para el joven cubano resulta mas sencillo marcharse del pais, y para los que no pueden hacerlo, les basta enagenarse con la subcultura de la marginalidad que se promociona desde los distintos lobys de poder cubanos. Es triste, para cuando abran los ojos sera demaciado tarde, ya habra pasado esa hermosa etapa de los años mas preciados que poseemos.
Jóvenes de esta Cuba de hoy, de no tomar el asunto con la seriedad que precisa, no solo legaremos a las futuras generaciones de cubanos un país con la economía e infraestructuras devastadas, sino que, ni siquiera seremos capases de asegurar el poder contar con el capital humano indispensable, para una futura recuperación y posterior desarrollo.









No hay comentarios:

Publicar un comentario