Desde
finales de los 90` en Cuba se experimenta un acelerado descenso en
los niveles de fecundidad, afectándose así el crecimiento
demográfico de forma negativa, desfavorable situación que conduce a
la nación hacia el envejecimiento poblacional, que aunado al
complejo fenómeno del éxodo de los jóvenes hacia otros países,
constituye una seria problemática que deja en ciernes el relevo
generacional y productivo, comprometiendo así irreversiblemente el
futuro económico y social de la nación.
Disimiles
son las causas de esta problemática, muchas de ellas relacionadas
con la incompetencia e indolencia de un Gobierno que no es capaz de
implementar un programa que fomente y torne en una posibilidad real y
viable algo tan natural e inherente a la humanidad misma como la
maternidad y sobre todo que coadyuve a su normal desarrollo psíquico,
espiritual y material.
Como
clave del dilema principal, nos encontramos con la ausencia de un
espacio propio donde desarrollar el clima necesario para la creación
de una nueva familia. En los hogares cubanos encontramos cierta
mixtura generacional que conspira incluso contra la indispensable
privacidad de la pareja, la convivencia se torna entonces
irresistible al confluir las limitaciones económicas en
contraposición con algo tan cotidiano como los gustos televisivos y
culinarios, las distintas costumbres y hasta el tiempo dedicado al
cuidado de la higiene personal (imagine usted la rutina de un
amanecer cualquiera, en un apartamento concebido originalmente solo
para cuatro personas que consta por lo general de un solo baño,
donde habite una familia conformada por tres matrimonios de distintas
generaciones incluido dos niños pequeños en edad escolar, los
inconvenientes que conllevaría el mero hecho de aprestarse a salir
cada mañana). Historias así se repiten tras las puertas de miles de
hogares cubanos. No nos llamemos a engaño con eso de que: Donde
caben dos caben cuatro, quizás suene bien al oído, pero no al
estomago, ni responde a la noción más elemental de confort.
Recapitulando
un tanto las estadísticas de fecundidad de La Isla, veremos que
estas han sufrido variaciones con el de cursar del tiempo, observando
los registros asistimos también al hecho del descenso de la
mortalidad infantil, de unos 200 a principios del año 1900, hasta
niveles cercanos a los 60 por cada mil nacidos vivos para finales de
la década de 1950.
También
la presencia de la inversión extranjera, tuvo un impacto positivo en
el ámbito social y domestico al generar un crecimiento de los
ingresos, fomentando a su vez la inmigración desde distintos países
de millares de personas que arribaban a la Isla con la perspectiva de
mejorar sus vidas (hecho que resulta irónicamente controversial 60
años y tantas balsas después).
Con
la llegada de la Revolución parecía que estos niveles se mantendría
estables dada las altas expectativas que la maquinaria ideológica
comunista se dio a la tarea de instrumentar. Luego el tiempo se
encargaría de exponer la cruda realidad a que estábamos destinados
a padecer en este Alcatraz Caribeño.
Aparecieron
flagelos sociales como la división familiar por motivos religiosos o
políticos, la acentuada politización de la educación y la niñez,
el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, programas que de
manera manifiesta restaron autoridad a los padres sobre la educación
de sus hijos (las escuelas en el campo) y conllevaron a la
atomización de una sociedad que se vio obligada, con la pérdida de
sus tradiciones, a cambiar el culto religioso por el culto a la
personalidad del líder.
Se
produjo entonces un descenso paulatino de la fecundidad hasta
alcanzar, ya en 1978, alarmantes niveles por debajo incluso del
concepto de remplazo poblacional, llegando a los años 1990 a
experimentar su cota mínima histórica de 1.44 hijos por mujer,
cuando el deterioro de las condiciones de vida del cubano de a pie
fue tal que para algunas parejas el posible nacimiento de un hijo
llego a representar un riesgo inmediato para la supervivencia de un
núcleo familiar que no lograba satisfacer siquiera sus necesidades
básicas.
Si
bien aumentó la esperanza de vida tanto para las mujeres como para
los hombres, luego, en un futuro no muy lejano, seremos entonces una
Isla colmada de ´´abuelitos felices´´.
Como
padres nos sentimos en la gustosa obligación de entregarle a
nuestros hijos lo mejor, y ¿cómo lograrlo?, cuando se debe escoger
entre comprarle al niño un juguete o un par de zapatos para la
escuela, sacarlo a pasear sin comprometer luego la compra de insumos
semanal, sin mencionar lo complicada que se torna la situación
cuando los chicos crecen, llegan a la adolescencia y con ello el
estar a la moda, la aceptación del grupo y los pagos a los
profesores particulares para así atenuar las deficiencias del
sistema educacional y que el muchacho logre llegar a la Universidad.
¿Cómo enfrentar estos retos cotidianos con un mísero salario,
siendo honestos y sin que nos tiemble las piernas de solo
imaginarlos?
Es
hora de analizar de manera objetiva y concienzuda las causas y las
consecuencias antes del que alarmante descenso de la fecundidad en
Cuba se convierta en un fenómeno irreversible, pero sobre todo en
qué solución tentativa y viable pudiese implementarse ante tan
crítica problemática social.
Aun
cuando la prensa oficialista nacional ha tratado el tema, lo aborda
desde luego mediante la óptica que le resulta más conveniente,
llegando a pronunciarse de manera despectiva en relación a la actual
generación, tildando a las jóvenes parejas en edad reproductora de
no ser consecuentes con la situación, acusando además a los
gobiernos de distintos países de fomentar la emigración de los
jóvenes profesionales (padres en potencia), desentendiéndose claro
esta de aquellas realidades que afloran a simple vista y que
evidencian los motivos a los que responde este éxodo. Desvirtuando
así la cuota de responsabilidad del Estado por mantener durante más
de cincuenta años un sistema económico tan solo en función de su
perpetuación en el poder.
Téngase
en cuenta que según los últimos estudios demográficos para el 2025
uno de cada cuatro cubanos rebasará los 60 años de edad colocando a
la Isla a la cabeza de los países de América Latina, aumentando así
los jubilados y pensionados para ese entonces, situación que no será
solucionada tan solo mediante programas tan poco prácticos y
objetivos como la llamada Universidad del adulto mayor o la
controversial postergación de edad para retiro laboral, acciones que
ni siquiera atacan la problemática de base o causa determinante.
Al
parecer el Gobierno prefiere ignorar esta situación como una de las
tantas que aquejan a la población cubana y que por lo visto se
supone sea resuelta por obra y gracia del santoral mítico propio del
proceso revolucionario. Permitir o justificar posturas que pretendan
el desentendernos o disgregarnos del tema, nunca precipitará por si
solo una solución que revierta este complejo y serio proceso.
La
permanencia durante tanto tiempo de las dificultades económicas
conlleva a las conductas extremas que han dado lugar a la
reconfiguración del actual comportamiento reproductivo, conduciendo
la creación de una familia pequeña como una estrategia más
eficiente en la esfera económica ante la ausencia de programas
legislativos y gubernamentales que fomenten de manera sustentable una
maternidad y paternidad responsables, aceptando que estas se hallan
condicionadas por el entorno económico, político y sociocultural,
que responde en sí mismo a una idiosincrasia y una historia propias.
Razonar
esto se hace imprescindible para la consecución de una herramienta
que, sin desentenderse de las realidades e intereses particulares, se
articule en el bien común de una sociedad que hoy por hoy pierde de
a poco sus valores morales y su dignidad humana bajo la egida
caprichosa de un puñado de déspotas que se han hecho con los
destinos y la voluntad de la nación, casta acostumbrada a tomar
decisiones al margen de las necesidades de su pueblo y por ende, de
los principios democráticos que sustentan el bienestar de la
sociedad toda, que actúen como garantes del cambio necesario hacia
una nueva cultura de compromiso para con la vida y la libertad plena,
la tolerancia y la convivencia armónica. Actitudes todas basadas en
la libertad personal en que se apoya la propia Democracia como
institución que garantiza el funcionamiento de la infraestructura
social, y que lleva a la nación a un estado de bienestar
perceptible, al contar con las acciones de liderazgo sensatas que den
como resultado la toma de decisiones consecuentes tanto con el
interés poblacional más inmediato, como para la implementación de
proyecciones de vastas perspectivas futuras y objetivas que brinden
la necesaria estabilidad socio económica y política a la nación y
a los individuos, dando lugar entonces al clima de confianza
indispensable para la creación de nuevos y sólidos proyectos de
familia.
Otro
fenomeno que merece un analisis a parte es la apatia politica que
reina entre la juventud, esa masa critica productora del cambio en
cuialquier sociedad, todo lo cual responde a esa reprogramacion
cognitiva que han realizado sistematicamente los ideologos del
regimen, al proyecto del hombre nuevo, apenas existe preocupacion por
los destinos de nuestra Nacion, no hay un comprometimiento por la
verdadera democratizacion de la sociedad, ni por convertirse en entes
activos del cambio, mas bien un conformismo para con las dadivas que
da el gobierno, ese ensayo de internet y otras aparentes aperturas
que se muestran, hoy para el joven cubano resulta mas sencillo
marcharse del pais, y para los que no pueden hacerlo, les basta
enagenarse con la subcultura de la marginalidad que se promociona
desde los distintos lobys de poder cubanos. Es triste, para cuando
abran los ojos sera demaciado tarde, ya habra pasado esa hermosa
etapa de los años mas preciados que poseemos.
Jóvenes
de esta Cuba de hoy, de no tomar el asunto con la seriedad que
precisa, no solo legaremos a las futuras generaciones de cubanos un
país con la economía e infraestructuras devastadas, sino que, ni
siquiera seremos capases de asegurar el poder contar con el capital
humano indispensable, para una futura recuperación y posterior
desarrollo.







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